Bienvenidos a nuestro territorio…

El sueño realizado

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En algún lugar, muy cálido y casi al nivel del mar, la noche era más obscura que el asfalto de la carretera, el gris lechoso del cielo de la ciudad había desaparecido de mi retrovisor hacia ya mucho, la cinta de asfalto estirándose frente a mi era un trazo de carbón apenas visible frente a mis luces. No había nadie allá afuera, no había patrullas acechando detrás de arboles o puentes y no había excusas al porque no empujar al limite el Mustang que manejaba. Rugiendo por sus escapes como un Rottweiler rabioso, esta máquina es de actitud furiosa, digno familiar del Shelby GT350R original, el legendario GT40 de LeMans y el Shelby AC Cobra 427, una máquina que no ofrece disculpas, su razón de ser en el planeta es simplemente el de llegar del punto A al punto B tan rápido como sea posible y yo no iba a dejar que esta oportunidad se me fuera entre las manos.

Aun se sentían los 35° centígrados en esa madrugada, yo tenía ambas ventanas abiertas – Al diablo con la aerodinámica – porque quería saborear cada momento, cada sensación, el rugido gutural de el V8 que se mezcla con el del aire a través de las ventanas en una mezcla intoxicante que nunca se podrá replicar en ningún videojuego. Esforzándome por ver más allá en la obscuridad de la carretera a 200 kilómetros por hora, no importa, uno ve fantasmas en la noche y ocasionalmente te cruzas con la mirada de los animales silvestres como si te gritaran – Como te atreves a traspasar nuestro territorio -, pero en medio segundo ellos se dan cuenta que una bestia más fuerte y más rápida esta en sus dominios y se quedan quietos a la orilla del camino.

Empujo el pedal más fuerte y me empiezo a perder en esa dimensión de tiempo y espacio alterados por la velocidad, solo concentración y enfoque… alerta de todo y nada al mismo tiempo, solo manos y pies, el paisaje borroso y el rugido mecánico, justo entonces presiento algo al frente, es una de esas sensaciones internas que uno tiene después de muchos kilómetros y de haber estado muy cerca algunas veces. De repente el camino se cae y el Mustang se levanta del suelo, mis luces alumbran la nada, el aire, por lo que parece una eternidad, la bestia flota y las revoluciones escalan, pero en un nanosegundo, regresa al asfalto con un rechinido y pequeño derrape a la izquierda, ese instinto corredor toma el mando – ¡No sueltes, si lo haces, estas muerto! – corrijo muy suavemente y el Mustang responde como si dijera “Eso fue lo correcto socio, pasaste el examen, vamos, llévame al límite”..

Ahora el camino se torna hacia la derecha, ¿Que tan cerrado?, ¡Al diablo! Mantengo mi pie derecho, lo que probablemente es un giro flojo a menos de 110 kilómetros por hora se convierte una prueba de valentía control y cordura, dejo al Mustang que derrape en un ángulo particularmente agudo mientras la curva comienza a ceder y yo corrijo con el volante delicadamente, muy delicadamente, derrapando hacia la línea blanca que marca el borde de la carretera mientras esta se endereza para dar paso a una recta interminable e invitante a hundir el pedal hasta el piso, invitación que acepto y el Mustang atormenta el camino, voy sobre un cohete al rojo vivo rumbo al infierno y en ese instante nada importa, todo se torna sonido y furia dándole el significado a lo que todos los autos de alto desempeño deberían ser.

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Empiezo a serpentear por el camino de regreso a la civilización, el Mustang ruge por la carretera muy complacido con el mismo, sabiendo que en cualquier momento puede saltar de nuevo y aterrorizar al paisaje, el cielo comienza a tornarse gris lechoso mientras la ciudad se aproxima, necesito gasolina, las luces verdes de una estación de servicio en el medio de la nada se vislumbran a lo lejos, freno lentamente y me bajo de la bestia, mientras me llenan el tanque camino alrededor del Mustang para verlo, las luces hacen cosas extrañas en la pintura del auto dando el efecto de un rojo más vibrante y más intenso en ciertos ángulos, los insectos muertos en el cristal y parrilla y el calor disipándose poco a poco del auto apagado con cualquier cantidad de “Clics”, “Tics” y “Cracs”…

Justo entonces, llegan dos jóvenes en un Honda Civic con una suspensión muy baja, rines y llantas muy grandes  y una cola de escape aun mayor. Estos dos jóvenes sabían exactamente lo que estaban viendo, salieron del auto y caminaron lentamente hacia el Mustang, lo observaron con respeto desde la distancia mirándome ocasionalmente también..

-          Es un Mustang –

-          Sip. –

-          ¿Qué tal corre? –

-          Muy bien, es un excelente auto –

El chico solo asiente y me sonríe, es curiosa la gente que está en esto de los autos, he aquí dos chavos, con cabello de colores, tatuajes y piercings con absolutamente nada en común con alguien de casi 40 años y mucho kilometraje, pero ya que somos amantes de los autos, la afición mutua hacia las maquinas de alto desempeño parece trascender  todas las diferencias.

Con mi tanque lleno me aliste para partir de la gasolinera, los chicos se quedaron allí mirando mientras encendí el Mustang y me dirigía a la carretera, yo sabía perfectamente lo que estaban esperando y ¿Porque no?, ¿Quién era yo para decepcionarlos?, pise fuerte y el Mustang se deslizo un poco de lado antes de componerse a si mismo, yo mantuve mi pie derecho allí y la aguja llegaba hasta la línea roja una y otra vez en los primeros tres cambios de velocidad mientras el Mustang desaparecía en la noche….

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